
Impones un aroma rancio en el aire, haciendo de tu presencia algo insoportable. Solías regalarme la gama más dulce de olores para mi exigente olfato, pero tu arrogancia cambió el perfume de tu aura. La indiferencia ha sido siempre mi antagonista más leal y nunca se cruzo por su conciencia firmar una tregua, para cuando sea yo quien la necesite. Decidiste vestirte con ella, y así te tornaste en el personaje antagónico tu mismo. Creo que si de molestarme se trata, la ignorancia es la más sabia. Qué fácil debe resultarle a un cerebro tan minúsculo, ser sabio al momento de perturbarme, verdad?
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