lunes, 18 de enero de 2010

Cajón Tarado!


El suelo se mueve, entra luz, demasiada, me enceguece. Me golpea una ráfaga de aire fresco, puro y limpio. Escucho algo más que mis pensamientos, una voz. Qué es esto? Están abriendo mi cajón? Me van a dejaren libertad? Será que vino ese Misterioso Señor a rescatarme de la soledad que me canta canciones de cuna con cada luna? Será...? Pero... el suelo deja de moverse, la luz se queda quieta tal y como esta. Ya logré acostumbrarme a ella. El ambiente se acostumbra al aire pero no más rápido de lo que yo lo hago. Puedo ver sus ojos cafés. Siento mariposas en la panza y destellos de ilusión en los ojos. Algo rotundamente nuevo de sentir. Y otra vez se mueve el piso, quisiera creer que es un temblor, pero me abraza nuevamente el manto de la oscuridad y ya no veo sus ojos cafés. Me abruma la soledad y no oigo la dulce melodía de su voz. Se me había inflado el corazón con esperanzas, se me había borrado esa nube negra de los ojos, ya no oía a mis fantasmas atormentándome, sólo con el hecho de verle sus ojos, sólo con el hecho de oír su voz, sólo con el hecho de sentirlo cerca. Se me había esfumado el frío del cuerpo, y sentí un idiota hormigueo hasta cada punta de mi desastroso cabello. Se me dibujo a lo lejos un lienzo con la felicidad pintada en los tonos cafés de sus ojos y con un matiz de lo bella que debió haber sido su sonrisa. Pero llegó una filosa oscuridad y lo destrozó con sus garras en miles de pedacitos imposibles de juntar. Parece que nunca llegará el día en que me vengan a liberar, pero hasta entonces: sigo esperando en mi Estúpido Cajón.

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