Los tonos grises y azules se habían borrado. Ahora mi mundo estaba bañado en colores mieles, cafés, gracias a sus ojos. El frío se había esfumado de mi cuerpo y alma en su totalidad. Mi cajón había sido abierto por completo. Ahí me encontraba, recostada en sus manos cubierta por su mirada. Su aliento era mi único abrigo y con eso me bastaba. Sus labios mi alimento y su voz la melodía mas dulce que mis oídos podían recibir.
Soy algo tan diminuto a su lado. Sus manos son del tamaño de mi cuerpo, y su palma es el único lugar al que pertenezco. Ese cajón me parecía algo tan lejano. Un lugar al que nunca desearía regresar. La soledad ya no era mi compañía, se había ido para no volver. La oscuridad ya no me envolvía, la luz que emanaba su sonrisa la había borrado para siempre de mi lado. El frío que gobernaba en mi cuerpo había sido derrotado por la batalla de sus besos. El sonar de los tambores de su corazón eran ahora mis canciones de cuna, mis favoritas, por cierto. Podría escucharlas por el resto de mi vida. Adiós cajón, en ti quedo guardada mi soledad. Adiós cajón, en tí quedaron mis noches más frías. Adiós cajón, en ti quedaron mis días más tristes. Adiós cajón, en ti quedo mi muerte. Adiós cajón, te digo adiós porque en ti quedo todo mi dolor, todo el vacío que en mis días dentro tuyo me habitó. Adiós cajón en tí quedaron todos mis fantasmas y tormentos. Adiós cajón, en tus maderas ya no tiemblo, ahora en sus manos descanso. Bajo una mirada color café me duermo, y a sus manos me entrego. Por ahora y para siempre serás un cajón vacío.
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