
Mordí la manzana más dulce y jugosa. Tragué el veneno más ácido y amargo y se expandió por cada célula de mis extremidades y órganos. Me dejó con los sentidos anulados, con la sangre hirviendo y a su vez coagulando en grumos de locura y pasión reprimida, intentando librarse de las rejas impuestas por los tóxicos del fruto de tus labios. Opresión. Maniatada por tus caricias, me entrego de pies a cabeza a las calumnias de tu habla, que le crean utopías amorosas a mi latente órgano cardíaco. Cegada por tu sonrisa, confío plenamente en el sendero que trazas con tus pies, siguiéndote así, al ocaso de mis sueños. Usas el lazo que nos une como una correa para manipular mis decisiones, y ya que mi voluntad es a TU voluntad me dejo guiar, recibiendo órdenes cómo si de halagos se tratara. Pero tu malicia me resulta tan exquisita que decido, gracias a tu voluntad, dejarme manejar por esta perversidad que sale del fruto que nunca debí probar.
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