jueves, 28 de enero de 2010

Ganaste el papel antagónico...


Impones un aroma rancio en el aire, haciendo de tu presencia algo insoportable. Solías regalarme la gama más dulce de olores para mi exigente olfato, pero tu arrogancia cambió el perfume de tu aura. La indiferencia ha sido siempre mi antagonista más leal y nunca se cruzo por su conciencia firmar una tregua, para cuando sea yo quien la necesite. Decidiste vestirte con ella, y así te tornaste en el personaje antagónico tu mismo. Creo que si de molestarme se trata, la ignorancia es la más sabia. Qué fácil debe resultarle a un cerebro tan minúsculo, ser sabio al momento de perturbarme, verdad?

martes, 19 de enero de 2010

La paz que me quitaron, conseguiré.

Matenme ahora, me hacen un favor. Matenme ahora, se hacen un favor. Si me matan ahora no sufrire ni los haré sufrir más, si me matan ahora estaré con Dios. Si quieren hacerme feliz, matenme ahora. La muerte es paz, la vida es más dificil. Muy complicada para mi. No les gusto, no les agrado, les molesa mi presencia, los miro mal, les hago pasar malos momentos. Me dejan de lado, no me quieren por allí ni por aquí. Si tanto estorbo no me hagan sufrir: matenme ahora. Si me matan ahora les dejaré caminos libres a muchas personas. Si me matan ahora estaré en paz. PAZ. Pero, de qué vale esta paz si todavía no he sufrido ni vivido. De qué vale esta paz si no tuve las mayores alegrías de la vida. No vale nada, no es en rencompensa de nada. De que sirve esa paz si ya la tengo, si no quiero vivir estoy muerta, si estoy muerta estoy en paz. Estoy en una paz perturbada, no me quieren en paz, me quieren pequeña, sumisa, intelectual e introvertida, pero siempre sin paz. Me quiero alegre, rebelde, sabia de vivencias y extrovertida, pero me corrompen y esa era mi propia paz, y al corromperme a mi, corrompieron mi estado paz. Por eso les digo: Matenme ahora.No me quieren matar, no quieren cargar con ese peso en sus conciencias el resto de sus días, no quieren vivir con ese instante en sus recuerdos. Cobardes. Lo haré yo sola. Pero solo les digo una última cosa: no sufran por mi, estaré bien. No esten tristes: ahora soy FELIZ.


P/S: Esto lo escribí un tiempo después de qué se suicido una amiga, intentando ver las cosas desde su prespectiva.

Fruto Prohibido


Mordí la manzana más dulce y jugosa. Tragué el veneno más ácido y amargo y se expandió por cada célula de mis extremidades y órganos. Me dejó con los sentidos anulados, con la sangre hirviendo y a su vez coagulando en grumos de locura y pasión reprimida, intentando librarse de las rejas impuestas por los tóxicos del fruto de tus labios. Opresión. Maniatada por tus caricias, me entrego de pies a cabeza a las calumnias de tu habla, que le crean utopías amorosas a mi latente órgano cardíaco. Cegada por tu sonrisa, confío plenamente en el sendero que trazas con tus pies, siguiéndote así, al ocaso de mis sueños. Usas el lazo que nos une como una correa para manipular mis decisiones, y ya que mi voluntad es a TU voluntad me dejo guiar, recibiendo órdenes cómo si de halagos se tratara. Pero tu malicia me resulta tan exquisita que decido, gracias a tu voluntad, dejarme manejar por esta perversidad que sale del fruto que nunca debí probar.

Sentiré sentimientos nulos


Cargaré con el peso de mis lamentos, moriré pidiendo perdones, viviré cometiendo errores. Lucharé repitiendo que estoy cansada, me rendiré diciendo que no sirvo para nada. Luego de haberme rendido me quejaré de ser tan poco perseverante y, luego de quejarme, me quejaré de ser tan quejona. Recibiré millones de cosas sin conformarme. Pediré amor a gritos, pero cuando lo reciba lo malgastaré y lo ignoraré. Querré que vivan para satisfacer mis caprichos, pero si viven para eso me enojaré con ustedes. Alzaré mi voz cuando sea necesario y les diré que hagan lo mismo, pero cuando lo hagan no me agradará. Les pediré que no me hagan caso y que no se preocupen por lo que escribo, es tan solo un pozo oscuro dentro mío del que saco palabras sin sentido. También les pediré que me feliciten por lo escrito, pues me cuesta la sensatez entrar a ese pozo de recuerdos reprimidos. Préstenme atención, pero no la suficiente como para darse cuenta de lo que digan mis ojos. Déjense llevar por el ritmo de mis palabras; quizás sientan lo que yo no siento.

Llévate todo de mí, quítame lo bueno, aduéñate del dolor


Toma todo lo que me pertenece, ya nada queda. Ya nada importa. Llévate mi cuerpo. Mi alma, asustada de la frialdad de este, ha decidido huir. Toma todo lo que me queda, te regalo mi último suspiro, pero no dañes lo único que alguna vez me importó. No, no te dañes corazón. Con tu abandono te llevaste lo que dejaste... irónico, no? Dejándome, tomaste todo lo bueno de mí para prepararte y partir, provisiones para el largo viaje. Entender nunca ha sido mi fuerte, y tampoco lo va a ser. Desorientada, camino ciega, dando manotazos de ahogado, intentando encontrar un respirar, tal vez el tuyo. Pero mi último latido se fue con vos, al ritmo de tus pasos mi corazón latió, y cuando tus pies no hicieron más ese sonar, mi corazón dejó de bailar.

Quizá la magia no funcione en corazones sin latir.


Despertarse para nada sentir, es mejor un largo dormir. Abrir los ojos para nada ver, es peor que enceguecer. Levantarse para no caer; prefiero en el suelo perecer. Tropezar y no aprender, ¿cuántas veces tropezaré? Las necesarias para que tu indiferencia no resulte así de hiriente.
Una y mil veces me dijeron que las cosas en la vida vendrían solas, pero la que por la vida sola va... esa soy yo. Una pasión soñé, aversión recibí. En mi lecho esperé tu llegar, y a quien nunca apareció, vi partir.
Una anciana me develó una incógnita: atraes lo que piensas. Pero en mí no ha de funcionar, quizá mis pensamientos no son del todo enteros, quizá ni el más poderoso de los Dioses, ni el mismo Universo podrían acercar tu corazón al mío. Quizá tu inquina hacia mí, es más vigorosa que hasta de la mismísima fuerza de la naturaleza. Y aun así, no quiero habilitar tu retirada.


Mi cuerpo es el Nuevo Mundo y tus labios los conquistadores. Mis ropas son las fronteras y tus manos los invasores. Tierras vírgenes que no han sido acariciadas por el deseo de ningún colonizador, Tierras vírgenes que su libertad no ha podido ser domada. Terrenos cuya pureza es aún infinita, Terrenos sin cercar, sin dueño alguno que siembre su pasión. Un país de nadie, el cual pronto estará regido por el amor de algún bien recibido usurpador. Un terreno que dejará de estar desolado ipso facto a tu llegada, sus helados y marchitos prados metamorfosearan en bellísimas, florecidas y cálidas praderas, gracias a tu arribo y haciéndome querer que tu estadía en este nuevo país sea eterna, brindándote todo lo que al alcance de mi reinado esté. Ofreciéndote un banquete en el cuál se sirvan las exquisiteces más deliciosas cosechadas en mis vergeles y sembrados, donde te regocijes de placer al probar los frutos de mi cuerpo reiteradas e infinitas veces, pudiendo así, hacerte feliz.
A ti, la clave para dominar completamente el imperio de mi cuerpo y alma fusionados, se te ha sido entregada al momento que en tus ojos me sumergí.

El hedor del Fracaso


Luego de ser abofeteada por miles de rechazos, sólo quisiera sumergirme en la bóveda del hedor eterno. Inhalando la hediondez del fracaso hasta tal punto que mis pulmones se marchiten por la desdicha de la derrota. Mi cuerpo abatido se deja caer en el lecho que la soledad me tiene preparado para las dos. Ella y yo. La soledad es mi más fiel compañera, ha hecho un pacto de sangre en el que confirma nunca abandonarme, siendo así, siempre leal a nuestra unión. Siendo yo una pobre fracasada, o no, a ella no le importa, para toda la eternidad será sincera al aislamiento que le ha provocado a mi alma, acompañándola por el resto de su existencia. Siempre será devota a mi desamparado espíritu, haciéndolo sentir aislado y fríamente acompañado.

Adiós cajón vacío!


Los tonos grises y azules se habían borrado. Ahora mi mundo estaba bañado en colores mieles, cafés, gracias a sus ojos. El frío se había esfumado de mi cuerpo y alma en su totalidad. Mi cajón había sido abierto por completo. Ahí me encontraba, recostada en sus manos cubierta por su mirada. Su aliento era mi único abrigo y con eso me bastaba. Sus labios mi alimento y su voz la melodía mas dulce que mis oídos podían recibir.
Soy algo tan diminuto a su lado. Sus manos son del tamaño de mi cuerpo, y su palma es el único lugar al que pertenezco. Ese cajón me parecía algo tan lejano. Un lugar al que nunca desearía regresar. La soledad ya no era mi compañía, se había ido para no volver. La oscuridad ya no me envolvía, la luz que emanaba su sonrisa la había borrado para siempre de mi lado. El frío que gobernaba en mi cuerpo había sido derrotado por la batalla de sus besos. El sonar de los tambores de su corazón eran ahora mis canciones de cuna, mis favoritas, por cierto. Podría escucharlas por el resto de mi vida. Adiós cajón, en ti quedo guardada mi soledad. Adiós cajón, en tí quedaron mis noches más frías. Adiós cajón, en ti quedaron mis días más tristes. Adiós cajón, en ti quedo mi muerte. Adiós cajón, te digo adiós porque en ti quedo todo mi dolor, todo el vacío que en mis días dentro tuyo me habitó. Adiós cajón en tí quedaron todos mis fantasmas y tormentos. Adiós cajón, en tus maderas ya no tiemblo, ahora en sus manos descanso. Bajo una mirada color café me duermo, y a sus manos me entrego. Por ahora y para siempre serás un cajón vacío.

lunes, 18 de enero de 2010

Cajón Tarado!


El suelo se mueve, entra luz, demasiada, me enceguece. Me golpea una ráfaga de aire fresco, puro y limpio. Escucho algo más que mis pensamientos, una voz. Qué es esto? Están abriendo mi cajón? Me van a dejaren libertad? Será que vino ese Misterioso Señor a rescatarme de la soledad que me canta canciones de cuna con cada luna? Será...? Pero... el suelo deja de moverse, la luz se queda quieta tal y como esta. Ya logré acostumbrarme a ella. El ambiente se acostumbra al aire pero no más rápido de lo que yo lo hago. Puedo ver sus ojos cafés. Siento mariposas en la panza y destellos de ilusión en los ojos. Algo rotundamente nuevo de sentir. Y otra vez se mueve el piso, quisiera creer que es un temblor, pero me abraza nuevamente el manto de la oscuridad y ya no veo sus ojos cafés. Me abruma la soledad y no oigo la dulce melodía de su voz. Se me había inflado el corazón con esperanzas, se me había borrado esa nube negra de los ojos, ya no oía a mis fantasmas atormentándome, sólo con el hecho de verle sus ojos, sólo con el hecho de oír su voz, sólo con el hecho de sentirlo cerca. Se me había esfumado el frío del cuerpo, y sentí un idiota hormigueo hasta cada punta de mi desastroso cabello. Se me dibujo a lo lejos un lienzo con la felicidad pintada en los tonos cafés de sus ojos y con un matiz de lo bella que debió haber sido su sonrisa. Pero llegó una filosa oscuridad y lo destrozó con sus garras en miles de pedacitos imposibles de juntar. Parece que nunca llegará el día en que me vengan a liberar, pero hasta entonces: sigo esperando en mi Estúpido Cajón.

domingo, 17 de enero de 2010

Mi estúpido cajón.


No tengo noches, no tengo días. No tengo lunas y mucho menos soles. No estoy muerta, pero tampoco con vida.
Estoy guardada en algún cajón, MI cajón. Mi estúpido cajón. Atada por la oscuridad que me rodea, adolorida y congelada por la frialdad que gobierna a la soledad. Abandonada en mis pensamientos, pienso en nada. Me tienen encerrada, preocupados del daño que salga de mi boca, asustados del dolor de mis ojos y sin querer oír lo que mis oídos han escuchado. Sigo en mi cajón. Sólo por unos pequeños orificios, causados por el desgaste de cada segundo que muere, entra el aire necesario para el respirar de uno, y eso me confirma nuevamente
mi aislamiento. El tiempo corre. No lo veo correr. Sigo igual, no envejezco o tal vez sí. No se nota. Mi mente sigue igual pero mi cuerpo se debilita. Tan sucia y frágil como mi mente y carácter me mantengo quieta. Tengo miedo de romperme. Tengo el alma quebrada y la vista nublada. De no ser por ese pequeño rayito de sol que ilumina el tonto cajón, y del que saco fuerzas, creería que estoy ciega o tal vez muerta. Muerta no estoy, lo se por el frío, el dolor y la falta de paz en mi espíritu corrompido. Cómo una princesa en su torre esperando al caballero que la rescate del malvado dragón, soy una tonta encerrada en mi estúpido cajón esperando que algún señor me rescate de la desgarradora soledad que me acobija cada noche, esperando a aquel que me devuelva mis lunas y mis soles, a aquel que me de sus días y sus noches, a aquel que me devuelva la vida o tenga el valor de arrancármela, sigo esperándolo. Esperé demasiado, y creo poder seguir haciéndolo. Siempre esperando en mi estúpido cajón.