martes, 23 de febrero de 2010

Si inyectamos botox a nuestro país, no se le borran las imperfecciones...

Distancias, límites, fronteras, políticos, razas, culturas, todos dispuestos a dividirnos y seccionarnos, cada uno con la porción que le tocó. Todos cargamos con una nacionalidad o una ciudadanía o como quieras llamarle, todos dispuestos a cruzar todos los límites impuestos por algun antepasado con ciertos poderes. Todos aventurados a conocer más que la porcioncita que les tocó, decididos a entrelazar sus almas con una de otra nacionalidad, con un alma extranjera, con un alma inmgrante o haciendo tu propia alma un emigrante que ingresa, uno más del montón. Exponemos nuestro ser a la intemperie de la vida, lo exponemos a la discriminación, sólo por el hecho de ser un país subdesarrollado de Latinoamérica. Vivímos gobernados por una Socialista de Plástico, que decidió ignorar a la indigencia de su país para seguir gastando millones en deportes y trajes de alta costura. Ignora el desarrollo de su propio país, obligándonos a que cuando conocemos algo nuevo, queramos huir allí. Vamos! cualquier cosa es mejor que esto!
Entoces, al querer entrar a otro País, somos rechazados, deportados, enviados de vuelta al Reinado de la Socialista de Plástico; ¿Por qué? Porque en su país quieren tener gente de SU país, porque los inmigrantes les quitan trabajo a los naturales del lugar, es bastante razonable. Pero en el reinado de la hipocrecía, no hay trabajo ni para naturales ni para inmigrantes.
Inmigrante = trabajo de obrero.
Natural + tener hijos = Subsidios de $180 por hijo.
Mientras a un par de ancianos, se les rebaja la miserable jubilación que cobraban, para alimentar la vagancia de la clase social baja. Entonces, en lugar de enseñarle a la gente a trabajar para progresar ellos, junto a sus familias y así, lograr el progreso y desarrollo de su Nación, se les enseña a tener hijos a cambio de dinero.
Y así y todo, el pedazo de botox que nos gobierna habla de progreso...

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