Otra vez la misma cuestión; parece que no aprendo más. Esta vez no tropecé, no me choqué, no me caí. Esta vez la pared se corrió, cansada de los golpes que le producían mi repetitiva idiotez e inmadurez. Esta vez fue peor, fue bastante peor: me vi abrazada por un infinito y oscuro abismo.
Un abismo de mediocridad y melodrama que crea una mente netamente escéptica en cuestiones del amor. Un abismo de palabras ahogadas y hechos inéditos fomentando una solitaria frustración. Un abismo de melancolía agridulce y empalagante repleto de recuerdos que alguna vez fueron invocados con cariño; repleto de añoranzas incrédulas e ilusiones perturbadas. Un abismo de largas esperas, esperas en vano, esperas de unión, esperas de compromiso, esperas en vano. Un abismo de indecisiones impulsadas por un alma apresada que afirma ser libre. Un abismo cruel y afilado, del cual hay que salir con una inexistente voluntad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario