El llanto de un violín, siempre apropiado para anunciar el adiós.
La ausencia siempre presente, mientras la presencia ilumina con su ausencia.
Los pasos de un piano, acompañando las quebraduras de algún corazón roto.
El ego azotado contra un subsuelo, y su alter ego pretende hundirlo aún más.
Para alguien que poco pide, la injusticia le es fiel.
En su propia vida, un papel secundario.
El abondono: la solución, la culpa: la salvación.

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