miércoles, 1 de septiembre de 2010

Aferrada

La incoherencia de nuestra idiosincrasia ya superó los límites de mi entendendimiento. Es imposible comprender algo tan carente de lógica en todos los idiomas y quizás universos. Caminos indireccionados que se entrecruzan; sólo hieren y confunden. Mareada en un remolino de sentimientos, con esa sensación... esa presión en el pecho que no te deja ni pensar y a la vez te obliga a analizar todo con la más profunda negatividad, ¿Melancolia? Seguramente, no hay palabra que defina mejor a mi persona. Un milisegundo de interés llevo a esta crédula espectadora a creerse los trucos más sabios y simples de aquel ilusionista. Un escenario sin final, una risa a medio empezar. La esperanza que flor de piel brotaba, de a poco fermentaba. No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió, me dijo un cantautor en su canción ¡Qué fuerte me abofeteó! Una escenografía dispuesta por el despecho y las consecuencias fueron las merecidas, una cámara oculta que de mí se reía. Hay una cierta intoxicación en el teatro, las marionetas ya no ríen. Y la escenografía en mi contra se vuelve. ¡Pero si yo la creé! Y así es, más de un monstruo creamos, de más de una ilusión nos aferramos. La esperanza parece ser nula cuando el corazón esta agrietado de la sequía, la conciencia parece ser corrompida por una ilógica coherencia. Mis alas fueron desplegadas, pero las tanzas no me dejan volar. Sigo en el teatro. Y ahí esta el ilusionista, con trucos robados endulzando la credulidad de alguien que no quiere volar...

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