Vivímos con temor a lo que piensen de nosotros pero siempre olvidamos lo que nosotros mismos pensamos de nuestra imagen y personalidad. Tenemos un "yo" central y muchos otros "yo" que estan en las mentes de quienes nos rodean. Cada uno de ellos va a tener un yo dsitinto sobre mí. Pero siempre van a estar errados, ya que tan sólo es lo que ellos pudieron percibir de mi persona, obviamente que no en su totalidad. El yo que importa: el de nuestra mente. Ése es el de verdad. Vivimos con temor a nosotros mismos; ¿Por qué? Porque les tememos a esos muchos "yos" rondando en cuanta cabeza nos haya visto, escuchado e interactuado con nosotros. A fin de cuentas le terminamos temiendo a nuestra apariencia, siempre dejando de lado el "yo original" olvidándonos quienes somos realmente y por A o por B final y tristemente no somos. Le tememos a un mentira, y salimos en busca de más mentiras. La falsedad hoy ya nos domina como si estuvieramos en el mini teatro de Maese Pedro, con un Quijote que vive en su locura y fantasía y quiere intervenir en la obra para salvar y castigar personajes ficticios. Somos todos el Quijote, y dejamos a Sancho atrás, sin escuharlo, sin escuchar que debemos bajar al mundo real. Que debemos encontrar ese Yo que tenemos perdido en algún rincon de nuestra mente. Seguimos en busca de más mentiras, usándolas para lograr felicidad, delirando tristezas y cometiendo llantos sin razones. No nos entristece lo que realmente lo debería hacer, porque tenemos un falso monarca regalándonos más engaños para crearnos una utopía de Estado cuando en realidad estamos matándonos unos a otros, y a su vez a nuestras raíces y todo lo que nos trajo hacia donde estamos hoy. Entramos al teatro a ver una obra, todos en conjunto y terminamos nuevamente en conjunto, pero esta vez sobre el escenario, sin espectadores más que la verdad y nuestros "YO" reales.
Vivimos nuestra vida por medio de la vida de los otros, que triste es nuestra "realidad" ¿no?
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